Esa noche, Ian llegó de regreso al inmenso Penthouse cuando la ciudad ya estaba sumida en el silencio de la madrugada. Estaba exhausto, con la mente trabajando a mil por hora y la rabia hirviéndole en la sangre tras enterarse del secuestro exprés que había sufrido Victoria.
Caminó por el pasillo a oscuras y abrió la puerta de la habitación con extremo cuidado. La luz de la luna se filtraba por los ventanales, iluminando la figura de Annie, quien dormía profundamente, envuelta entre las pesadas