El lujoso salón del departamento de Valentina no solo estaba impregnado por su perfume, sino también por su ambición sin fin. La mujer, que durante años había tenido que conformarse con ser la sombra en la vida de Marcos Winchester, saboreaba ahora su copa de vino tinto como si fuera el mismísimo néctar de la victoria.
Frente a ella, sentado con una postura relajada pero con la mente maquinando a toda velocidad, se encontraba su hijo, Julián. Valentina dejó la copa sobre la mesa de cristal con