74. No esperaba menos
Clara Da un paso final, rompiendo la distancia de la mesa, deteniéndose a escasos centímetros de mí. Su perfume de diseñador me envuelve por completo.—Vas a llevar un anillo en el dedo —continúa, y su voz es una caricia gélida que me eriza la piel—. Vas a sentarte a mi lado en las cenas benéficas, vas a tener la mejor ropa, los mejores analistas y ante los ojos de todo el maldito mundo corporativo vas a ser la futura Señora Roth. ¿Querías saber cuál era mi propuesta? Bueno, ahí la tienes. Un intercambio de beneficios en mitad del fango.Se hace un silencio sepulcral, espeso como el lodo, en mitad de la suite presidencial. Lucas y Luis nos observan inmóviles, conteniendo el aliento, conscientes de que el destino del hotel se está decidiendo en este preciso segundo. Maximiliano desvía sus ojos por un instante hacia mi mejilla derecha, donde la marca rojiza del golpe de Ricardo sigue palpitando con fuerza, antes de volver a mirarme a las pupilas.—Tú me necesitas para no perder tu lega
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