97. Necesito tu ayuda
ClaraEl eco del portazo de Matías todavía reverbera en las paredes de mi cráneo como una detonación. Me quedo inmóvil en mi silla del comedor, con las manos aún cubriendo mi rostro, sintiendo las lágrimas calientes filtrarse entre mis dedos. El pecho me sube y me baja en espasmos cortos, sofocados. Cada latido es una acusación. Mentirosa. Te odio. Esas palabras, salidas de la boca del ser que más amo en este mundo, se clavan en mi estómago con la fuerza de un puñal oxidado.—Todo sería mucho más fácil para los dos si me dijeras de una puta vez quién es el monstruo que los persigue, Clara.La voz profunda, gélida y demandante de Maximiliano rompe la densa neblina de mi pánico. Despego las palmas de mis ojos lentamente, tragándome el nudo de hiel que amenaza con asfixiarme. Ahí está él, impecable, dominando la cabecera de la mesa como un juez supremo que observa el colapso de un testigo defectuoso. Su mirada oscura, analítica y carente de cualquier rastro de empatía, me escanea sin pie
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