Cuando Alfonso escuchó que la cura para su manada era casarse con la doctora Dianni, dio dos pasos atrás y se encrespó de los nervios. El corazón le latió con fuerza, como si algo dentro de él intentara despertar.Dalton, a su lado sintió que un escalofrío muy helado lo recorrió, y aunque quería hablar para interponerse, era tan solo el Beta del Alfa, no podía decir nada. Se suponía que la manada tenía una Luna: Lila. Los dos se pusieron tan nerviosos que Dianni pudo notarlo. La mujer sonrió con dulzura, pero sus ojos brillaron con un destello púrpura mientras miraba fijamente a Alfonso, renovando el control sobre su voluntad.Dalton se dio cuenta de que algo raro pasaba con la doctora. Su instinto de Beta le gritaba que huyera, pero su lealtad al Alfa lo mantuvo en el lugar. Se acercó a Alfonso y le dijo con voz urgente:—Alfa, debo seguir atendiendo la manada del cielo rojo. En cuanto sepa algo más, se lo haré saber, gran Alfa. No podemos perder más tiempo.Alfonso parecía hipnotiz
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