Al otro lado de la ciudad, el ambiente dentro del lujoso departamento de Alejandro estaba cargado de tensión.
El hombre caminaba de un lado a otro con el teléfono en la mano. Llevaba más de diez minutos releyendo los últimos mensajes de Lila, pensó que ella después del encuentro lo buscaría, en respuesta a sus nuevas amenazas, pero nada. Ella nunca más volvió a contestar.
De un movimiento brusco, lanzó el móvil sobre el sofá.
—¡Maldita sea!
Sara, que permanecía sentada junto al ventanal con una