Las puertas de la sala de juntas se abrieron de golpe.El sonido seco de la madera chocando contra la pared hizo que todas las conversaciones murmuradas murieran al instante.Esmeralda apareció en el umbral como una tormenta elegante.El traje azul marino moldeaba su figura con una sofisticación impecable; la coleta alta dejaba visible el delicado lunar detrás de su oreja, y sus ojos café claro ya no tenían rastro de inseguridad. Después de la gala, después de Ricardo, después del miedo… algo dentro de ella había cambiado para siempre.Ya no era la muchacha que servía café.Era la heredera Villarreal.Y todos en esa sala lo sintieron.El padre de Caricia, sentado en la cabecera, endureció el gesto apenas la vio entrar. Caricia, a su lado, intentó sostener una sonrisa de superioridad, pero el leve temblor en sus dedos la traicionó.Porque Esmeralda no había llegado sola.Aunque Emilio no cruzó la puerta, su presencia se sentía detrás de ella como una sombra imposible de ignorar. Dos es
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