El silencio dentro de la sala de juntas fue tan pesado que parecía aplastar el aire. Nadie respiraba. Nadie se movía. La enorme pantalla proyectaba fila tras fila de transferencias ilegales, firmas electrónicas y contratos alterados. Cada documento era una bala disparada directamente al corazón de la vieja administración.
El padre de Caricia tragó saliva.
Por primera vez en años, el hombre que había manipulado el Consorcio Villarreal desde las sombras parecía pequeño.
Esmeralda permanecía de pi