El silencio que quedó tras la salida de los directores corruptos fue incluso más aterrador que el caos anterior. Las puertas de la sala de juntas se cerraron lentamente detrás de ellos, dejando un eco pesado, incómodo. Nadie se atrevía a respirar demasiado fuerte.
Esmeralda seguía de pie al centro de la mesa. Su traje azul marino delineaba su figura con elegancia impecable, pero era su mirada lo que dominaba la habitación. Ya no parecía la muchacha que servía café en la universidad. Tampoco l