Clara no durmió bien.No fue por el casi beso, aunque su cuerpo insistió en recordarlo durante horas con una precisión irritante: la distancia mínima entre ellos, el calor de Leonardo, el pulso bajo su palma, esa fracción de segundo en que pudo haber dejado de pensar y permitir que ocurriera. Lo que le quitó el sueño fue lo que quedó después. La frase de él en la biblioteca, limpia, baja, imposible de verificar.No estaba pensando en Isabela.Una afirmación tan sencilla que Clara no podía desarmarla y tan honesta que resultaba difícil descartarla. La había girado durante horas desde todos los ángulos, buscando la grieta, el lugar donde se convirtiera en estrategia o en consuelo mal disfrazado. No lo encontró.Eso era lo peor.No que Leonardo mintiera.Sino que, esa vez, parecía no hacerlo.Se levantó antes de que amaneciera. La habitación azul estaba fría y silenciosa, con esa claridad gris de las mañanas que aún no terminan de empezar. Se vistió sin encender la luz principal, bajó a
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