La mañana siguiente llegó sin que ninguno de los dos mencionara la noche anterior.
Era una de esas treguas que se sostienen de manera tácita porque ambas partes entienden que lo dicho ya existe y que nombrarlo demasiado pronto podría quitarle algo antes de que termine de asentarse. Clara desayunó en la habitación azul. Leonardo estuvo en el despacho desde temprano. Se cruzaron en el corredor del segundo piso a las diez y media, y el saludo fue breve: una mirada, un gesto de cabeza, la distancia