La palabra debilidad llevaba horas viviendo dentro de la mansión.
No se había quedado en el despacho de Emilio ni en el corredor donde Clara la escuchó por primera vez. La palabra había subido con ella hasta la habitación azul, se había sentado frente al cuaderno de la gala, había contaminado cada línea del discurso y se había instalado debajo de las frases que Clara intentaba leer sin ver. Emilio Moretti no usaba ciertas palabras por accidente. Las elegía con la precisión de quien sabe cuánto