La discusión empezó por la carta.
Clara la había sacado del cajón esa tarde, no para abrirla, sino para sostenerla. Hay objetos que una sabe que tendrá que enfrentar y que, aun así, necesitan pasar primero por las manos antes de llegar a los ojos. El sobre de Isabela era uno de esos objetos. Había estado tres días guardado debajo de los cuadernos, esperando, y esa espera empezaba a ocupar más espacio que la propia carta.
Fue un error dejarla sobre la mesa del escritorio cuando bajó a buscar el