Antes de que Clara entrara al comedor, alguien ya había ocupado la silla junto a Isabela.No por una persona, sino por un bolso de Regina, colocado con naturalidad sobre el respaldo como si incluso los objetos de su madre supieran reservar territorio. Clara lo vio desde el umbral y entendió la escena antes de que nadie se la explicara: Isabela en el centro de la mesa, Regina a su derecha, Tomás al otro lado, Elena moviéndose con una rapidez delicada para que nada faltara y el lugar de Clara desplazado dos sillas más allá, donde podía estar presente sin interrumpir el reencuentro.La casa no necesitaba elegir como si Isabela hubiera vivido allí. Bastaba con que todos la trataran como la mujer para la que esa casa se había estado preparando.Regina y Tomás habían llegado al mediodía.No habían avisado. O sí habían avisado, pero a Isabela, no a Clara, y esa diferencia lo decía todo. La mansión Moretti tenía ahora dos líneas de comunicación, y Clara estaba en la secundaria. Los vio aparece
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