Antes de que Clara entrara al comedor, alguien ya había ocupado la silla junto a Isabela.
No por una persona, sino por un bolso de Regina, colocado con naturalidad sobre el respaldo como si incluso los objetos de su madre supieran reservar territorio. Clara lo vio desde el umbral y entendió la escena antes de que nadie se la explicara: Isabela en el centro de la mesa, Regina a su derecha, Tomás al otro lado, Elena moviéndose con una rapidez delicada para que nada faltara y el lugar de Clara desp