La noticia de la liberación de Ramiro nos golpeó como un puñetazo en el estómago.—¿Bajo fianza? —Sebastián apretó el teléfono con tanta fuerza que temí que fuera a romperlo—. ¿Cómo es posible que le hayan concedido la libertad bajo fianza?Armando Quiroga, al otro lado de la línea, respondió con su tono grave de siempre. No podía oír lo que decía, pero por la expresión de Sebastián, no eran buenas noticias.—El juez ha considerado que no hay riesgo de fuga —dijo Sebastián, colgando y mirándonos a todos los que estábamos reunidos en el salón—. Ramiro ha entregado su pasaporte y ha pagado una fianza millonaria. Está libre hasta que se celebre el juicio.—¿Y cuándo será el juicio? —preguntó Adrián, con Sofía dormida en su regazo.—Dentro de varios meses. El fiscal necesita tiempo para reunir todas las pruebas.—Meses —repitió Valeria, incrédula—. Ese hombre va a estar libre durante meses.—Eso significa que puede seguir haciendo daño —murmuró la madre de Sebastián, que se había quedado
Leer más