---
El sobre me temblaba en las manos.
«Sé que estás buscando a tu abuela. Ella también te busca a ti. Pregunta en el hospital donde trabajabas. —Un amigo.»
Leí la nota una vez. Dos veces. Diez veces. Las palabras no cambiaban. Seguían allí, escritas con tinta negra sobre un papel blanco que olía vagamente a lavanda. Un olor que me recordaba a algo. A alguien. A un pasado que creía enterrado para siempre.
—¿Luna? ¿Qué tienes ahí?
La voz de Sebastián me sobresaltó. Estaba en la puerta del salón,