La noticia de la liberación de Ramiro nos golpeó como un puñetazo en el estómago.
—¿Bajo fianza? —Sebastián apretó el teléfono con tanta fuerza que temí que fuera a romperlo—. ¿Cómo es posible que le hayan concedido la libertad bajo fianza?
Armando Quiroga, al otro lado de la línea, respondió con su tono grave de siempre. No podía oír lo que decía, pero por la expresión de Sebastián, no eran buenas noticias.
—El juez ha considerado que no hay riesgo de fuga —dijo Sebastián, colgando y mirándono