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La victoria en el juicio nos duró exactamente tres días.
Tres días de paz. Tres días de risas. Tres días en los que Sofía correteaba por los pasillos de mármol como si hubiera vivido allí toda la vida, Adrián empezaba a llamar «hermano» a Sebastián sin que le sonara extraño, y Don Ernesto recuperaba el apetito y el humor como si cada hora que pasaba le devolviera un poco de vida. Hasta las enfermeras estaban sorprendidas. El anciano que sanas atrás apenas podía incorporarse en la cama ahora