MAX.Victoria me sostiene la mirada, pero la duda le tiembla en las pupilas. Niega con la cabeza, intentando soltarse de mi agarre.—No, así no, Maximiliano —me dice, con la voz ahogada—. No estoy segura. Tú a mí no me amas. Ahora me deseas, sí, pero cuando se te pase el capricho, cuando te canses de follarme, vas a cambiarme por otra. Me vas a dejar a un lado y volveré al mismo infierno.La escucho y siento una frustración ciega que me aprieta el pecho. Maldita sea. Las mujeres son un terreno impracticable, un idioma que no hablo. No se está haciendo la difícil por estrategia, no está negociando para sacarme más dinero; lo veo en su cara, sus miedos son reales, su herida con el imbécil de su ex sigue abierta y mi lógica no le sirve de nada. No sé qué demonios hacer para que entienda que conmigo las reglas son distintas. No sé cómo romper esa barrera sin rebajarme.Me paso una mano por la cara, soltando un suspiro pesado que me retumba en las sienes. La miro fijamente, dejando de lado
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