MAXIMILIANO.
Veo la escena en cámara lenta. El impacto de la mano de ese imbécil contra la mejilla de Victoria resuena en todo el pasillo. Su cuerpo pierde el equilibrio y cae directo al suelo.
En ese maldito segundo, las puertas del infierno se abren dentro de mí.
No hablo. No pierdo el tiempo con advertencias. Me muevo por puro instinto asesino. Cruzo el umbral a una velocidad que él no ve venir y le estrello el puño cerrado con toda mi fuerza en medio de la frente. El sonido del hueso impact