**DAMIAN**Miré de reojo a Elena. Ella se había incorporado, sosteniendo la sábana contra su pecho, su mirada fija en mí, esperando ver si el monstruo bipolar regresaba. Me incliné hacia ella, tomándole la mano libre y entrelazando mis dedos con los suyos en un gesto firmemente posesivo.—Te informaron mal, Isabella —respondí, mi tono bajando a un susurro denso, implacable—. Elena está en mi cama. En mi habitación. Los analistas de Industrias Cavalli desmantelaron tu patética trampa fotográfica en menos de diez minutos. Tu ángulo digital no vale nada.Un silencio pesado cayó al otro lado de la línea. Pude escuchar la respiración entrecortada de Isabella, el crujido de sus uñas contra el receptor.—¿La perdonaste? —la voz de Isabella se agrietó, perdiendo toda su sofisticación sofisticada—. ¡Es una Valli, Damián! Te usó. Yo te ofrecía un imperio limpio, una dinastía. Fui tu prometida, te di los mejores años de mi vida en las altas esferas…—Tú me diste una transacción conveniente, Isab
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