**DAMIAN**
Miré de reojo a Elena. Ella se había incorporado, sosteniendo la sábana contra su pecho, su mirada fija en mí, esperando ver si el monstruo bipolar regresaba. Me incliné hacia ella, tomándole la mano libre y entrelazando mis dedos con los suyos en un gesto firmemente posesivo.
—Te informaron mal, Isabella —respondí, mi tono bajando a un susurro denso, implacable—. Elena está en mi cama. En mi habitación. Los analistas de Industrias Cavalli desmantelaron tu patética trampa fotográfica