**ISABELLA**
Damián permanecía postrado en la suite médica del San Lucas, atrapado en un coma inducido que lo mantenía dócil, silencioso, desprovisto de esa fijeza de acero con la que solía humillarme. El magnate implacable, el Alfa territorial que me había colgado el teléfono para defender a una muerta de hambre, ahora dependía de mi firma para que sus médicos administraran la siguiente dosis de sedantes. Yo controlaba sus acciones, su acceso restringido y su respiración misma.
—Señorita Isabe