**ELENA**
El silencio que envolvía la habitación no era el vacío tenso y cargado de amenazas de la villa costera, sino un sosiego profundo, casi irreal. Me incorporé lentamente sobre el colchón de plumas, hundiéndome en la suavidad de las sábanas de seda marfil. El sol de la mañana se filtraba a través de los inmensos ventanales de arco de la mansión Valli, proyectando arabescos dorados sobre las paredes tapizadas con brocado francés.
“Libre. Por primera vez en meses, la palabra no se siente co