**ELENA**
El estallido de la puerta de la biblioteca al abrirse me hizo dar un brinco. Damián entró como una exhalación de odio puro. En su mano derecha ya no estaba el relicario; traía la tableta digital con la pantalla agrietada, mostrando las imágenes de mi destrucción.
Sin decir una sola palabra, arrojó el dispositivo sobre el escritorio, justo al lado del relicario de sándalo.
—Míralo —ordenó, su respiración tan acelerada que su pecho subía y bajaba como si acabara de correr un maratón—. M