**ELENA**
Cuando el coche se detuvo frente a la escalinata principal, la bruma marina nos envolvió como un sudario. Damián bajó de inmediato, rodeó el capó y me abrió la puerta. No esperó a que yo diera un paso; su mano firme envolvió mi cintura, pegándome a su costado mientras me guiaba hacia el interior de la casa. Rocco observaba desde la distancia, pero una sola mirada despectiva de su jefe bastó para que todo el personal desapareciera en las sombras de los pasillos.
—A mi habitación —orden