**DAMIAN**
La bruma de la costa golpeaba los ventanales de la oficina principal en la villa, un velo gris que amenazaba con tragarse el muelle. No me importaba la tormenta exterior; mi atención estaba fija en los documentos de la fusión que descansaban sobre el escritorio de caoba. Intentaba concentrarme en las cifras, en los astilleros, en el poder que definía mi apellido, pero mis ojos se desviaban constantemente hacia el reflejo del gran espejo del pasillo.
“Ella cambia las reglas del juego