**ELENA**
La pequeña habitación de hotel se sentía como una celda de aislamiento donde las mentiras de Joel terminaban de consumir los restos de mi pasado. Él permanecía junto a la puerta, con la bolsa de viaje al hombro, mirándome con una mezcla de súplica y la cobardía que ahora me resultaba repulsiva.
—Elena, tienes que entender la situación —insistió Joel, dando un paso cauteloso hacia mí, sus manos temblando—. Isabella tiene el control de las cuentas que tu padre dejó congeladas en Suiza.