Luisa dejó de resistir.No fue una decisión consciente. Fue el cuerpo. Fue la necesidad. Fueron dos años de vacío, de noches solitarias, de deseo negado. Dos años en los que solo habían estado juntos una vez. Las manos de Erikc recorrían su cuerpo como si la descubrieran por primera vez. Ya no había brusquedad. Ya no había castigo. Había hambre. Una hambre que él mismo no entendía, que lo devoraba por dentro.Luisa sintió que su cuerpo la traicionaba.Un gemido escapó de sus labios, y entonces sus manos, que antes empujaban, se cerraron en la tela de su camisa. Lo acercaron. Lo atrajeron.Erikc levantó la cabeza y la miró. Sus ojos estaban oscuros, desorbitados.—Erikc...—Cállate —susurró él, y la besó.No fue un beso sumiso. Fue un beso de igual a igual. De mujer que ha esperado demasiado y ya no quiere esperar más.Erikc sintió que perdía el control. Pero no como antes. Esta vez no quería recuperarlo.Sus manos acariciaron su silueta bajo la sábana. La cintura, las caderas, la cur
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