Los golpes en la puerta resonaron en toda la mansión como disparos de advertencia.Pum, pum, pum.No era un llamado educado. Era un ataque.Luisa estaba en la sala, hojeando un libro que no lograba concentrarse. El sonido la sobresaltó, pero no se movió de inmediato. Los golpes se repitieron, más fuertes, más furiosos.Pum, pum, pum, PUM.—¡Ya voy! —gritó Luisa, cerrando el libro con fastidio.Caminó hacia la puerta principal con pasos lentos, sin apuro. Ya sabía quién era. No necesitaba mirar por la mirilla para adivinarlo. Esa furia, esa impaciencia, esa falta de educación... solo una persona en el mundo llamaba así.Abrió la puerta.Annie estaba allí.Pero no era la Annie de siempre. No llevaba sus vestidos impecables ni su sonrisa fingida. Tenía el cabello revuelto, los ojos inyectados, la respiración agitada. Vestía unos jeans ajustados y una blusa negra que no ocultaba nada. Y en su cara, una mueca de odio mal contenido.—¿Y tú qué estás haciendo así vestida? —espetó Annie, sin
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