Al día siguiente, la luz del amanecer se filtraba lentamente por las cortinas pesadas de la habitación. Isabella abrió los ojos con dificultad, aún atrapada entre el sueño y la confusión.Lo primero que vio la hizo sobresaltarse de inmediato, pues Adriano estaba a su lado, dormido plácidamente, o eso parecía.Isabella se sentó de golpe en la cama, retrocediendo instintivamente, con el corazón golpeándole el pecho.—¿Qué…? —susurró, incrédula.El movimiento fue suficiente para que Adriano abriera los ojos lentamente. Su mirada se fijó en ella con calma, sin alterarse.—Tranquila —dijo con voz baja y algo ronca—. No te he tocado.Hizo una breve pausa.—Al menos… aún no.Isabella lo miró con rabia inmediata.—Imbécil.Adriano suspiró, como si ya estuviera acostumbrado a ese tipo de respuesta, en un movimiento rápido, la tomó del brazo.El contacto fue inmediato, Isabella sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.No era solo su mano, era el calor, pues la piel de Adriano ardía.—Debes co
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