ELENAEl sol de la Toscana tiene una forma distinta de tocar la piel; no quema como el de Dubái, sino que acaricia, como si pidiera permiso. Me desperté sin el peso de las sábanas de seda negra, reemplazadas aquí por lino blanco que olía a sol y a lavanda. Por primera vez en meses, no abrí los ojos con el corazón acelerado por el miedo.A mi lado, el sitio de Alaric estaba vacío, pero el calor de su cuerpo aún permanecía en la almohada. Sobre la mesa de noche, no estaba mi medicación ni informes del banco. Había un ramo de girasoles recién cortados, todavía con gotas de rocío en sus pétalos amarillos y vibrantes. Entre las flores, sobresalía un sobre de papel crema, grueso y elegante.Con los dedos temblorosos, abrí la carta. La caligrafía de Alaric era perfecta, una letra cursiva imponente pero fluida, escrita con pluma estilográfica."Para mi Luz de Luna,Dicen que los girasoles siempre buscan el sol para sobrevivir. Yo solía creer que el dinero era mi único sol, hasta que te
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