STEFAN
La fiebre es una mentirosa compulsiva.
Durante los tres días que siguieron a la extracción de la bala, mi mente fue un campo de batalla entre el presente y los recuerdos de una infancia marcada por el apellido Vossen.
Despertaba entre sudores fríos, viendo la cara de Rouse iluminada por la lámpara de aceite, y por un segundo no sabía si ella era un ángel real o una alucinación creada por mi cerebro para no rendirse ante el dolor.
Rouse se había transformado. La mujer que temblaba ante