ELENAEl monitor frente a mí emitía una luz azulada y fría que hacía que la piel de mi hermana, Rouse, pareciera la de un cadáver. Verla allí, temblando en esa habitación acolchada, era como ver mi propia alma siendo desollada. Alaric estaba sentado a mi lado, saboreando una copa de coñac con una parsimonia que me daban ganas de clavarle la copa en la garganta.—Es hora, Elena —dijo él, dejando la copa sobre la mesa de cristal—. Tu hermana lleva doce horas en silencio. Su mente está empezando a fabricar monstruos para llenar el vacío. Como psiquiatra, sabes que este es el momento crítico. Si no interviene alguien, el daño será irreversible.—¿Qué quieres de mí? —pregunté, mi voz sonando como ceniza.—Quiero que entres ahí. Pero no como su hermana. Si ella sabe que eres tú, encontrará consuelo, y el consuelo es una debilidad que no puedo permitir. Te pondrás esta máscara.Me entregó una máscara de porcelana blanca, sin expresión, con solo dos rendijas estrechas para los ojos. Era
Ler mais