STEFAN
El rugido del motor del Jeep era lo único que mantenía a raya el silencio sepulcral de los bosques del Yukón.
Habíamos conducido durante horas, esquivando las arterias principales, pero el cielo no mentía.
El zumbido rítmico de unas hélices empezó a vibrar en el techo del vehículo.
Sabía que nos habían encontrado.
Los Arquitectos no escatiman en gastos cuando se trata de cazar a un Vossen que conoce sus secretos.
—¡Agáchate, Rouse! —grité, hundiendo el pedal del acelerador a fondo.
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