Punto de vista de NinetteTres semanas después de aquella mañana en la que dijimos “sí” en el sofá, Mateo y Elena llegaron al mundo.El parto fue largo pero tranquilo. Marco estuvo a mi lado todo el tiempo, sosteniendo mi mano, secándome el sudor de la frente y susurrándome palabras de aliento cada vez que el dolor se volvía casi insoportable. No se separó de mí ni un segundo. Cuando escuchamos el primer llanto de Mateo, Marco rompió a llorar sin vergüenza, besando mi sien mientras repetía una y otra vez “lo hiciste, mi amor… lo hiciste”.Elena nació solo ocho minutos después. Cuando la colocaron sobre mi pecho, junto a su hermano, el mundo entero se detuvo. Dos pequeños milagros, rosados, arrugados y perfectos. Marco cortó los cordones con manos temblorosas, y cuando los tres estuvimos juntos sobre la cama, apoyó su frente contra la mía y lloramos los dos en silencio.—Son hermosos —susurró con la voz rota—. Igual que tú.Esa misma noche, en la habitación del hospital, mientras los g
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