Punto de vista de Ninette
Habían pasado cuatro meses desde el nacimiento de Mateo y Elena. La casa ya no era tan silenciosa. Las risas de Luca llenaban los pasillos, Alexander gateaba persiguiendo a su hermano mayor, y los gemelos empezaban a descubrir el mundo con sonrisas desdentadas y gorgojeos que nos derretían el corazón.
Esa mañana de domingo parecía perfecta. El sol entraba por las ventanas, Marco preparaba el desayuno en la cocina mientras yo amamantaba a Elena en el sofá. Mateo dormía