Punto de vista de Ninette
La amenaza de Rafael colgaba sobre nosotros como una espada. Habían pasado treinta y seis horas desde que recibimos la foto de Luca durmiendo. Treinta y seis horas de tensión constante, de mirar por encima del hombro, de abrazar a nuestros hijos un poco más fuerte de lo normal.
Esa noche, después de acostar a los cuatro, Marco y yo nos quedamos en el salón de la casa segura. Las luces estaban bajas. Una sola lámpara iluminaba el espacio. Los niños dormían profundamente