Punto de vista de Ninette
Tres semanas después de aquella mañana en la que dijimos “sí” en el sofá, Mateo y Elena llegaron al mundo.
El parto fue largo pero tranquilo. Marco estuvo a mi lado todo el tiempo, sosteniendo mi mano, secándome el sudor de la frente y susurrándome palabras de aliento cada vez que el dolor se volvía casi insoportable. No se separó de mí ni un segundo. Cuando escuchamos el primer llanto de Mateo, Marco rompió a llorar sin vergüenza, besando mi sien mientras repetía una