Punto de vista de NinetteMarco seguía dentro de mí, grueso y caliente, moviéndose con lentitud deliberada mientras su semen de la primera corrida aún goteaba por mi culo. Cada embestida era profunda, perezosa, como si quisiera que sintiera cada centímetro de él durante el mayor tiempo posible. Mis piernas rodeaban su cintura, los talones clavados en su espalda baja, atrayéndolo más adentro.—Joder… —gemí bajito contra su cuello, mordiéndolo suavemente—. Así… más lento. Quiero sentir cómo me llenas.Él gruñó, un sonido grave y animal que vibró contra mi piel. Apoyó los antebrazos a ambos lados de mi cabeza y me miró directamente a los ojos mientras salía casi por completo, solo para volver a hundirse hasta el fondo con un golpe lento y húmedo.—Te sientes tan bien —susurró, la voz ronca de deseo—. Este coño… tan caliente, tan mojado, apretándome como si no quisiera dejarme salir nunca. Eres perfecta, Ninette. Tan puta para mí.Sus caderas rodaron en círculos sucios, frotando mi clítor
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