A la mañana siguiente, siendo aun muy temprano, Kate recibe una llamada de Marcos. — Amor, abre tus bellos ojos, te tengo una sorpresa. Estoy afuera. sol de la mañana se filtraba por las ventanas de la modesta casa de los Anderson, pero para Kate, el día brillaba con una luz diferente. Marcos había llegado temprano, no con un chofer ni en uno de sus autos deportivos, sino conduciendo él mismo una camioneta clásica, buscando esa intimidad que la ciudad les robaba. El viaje los llevó hacia las afueras, donde el verde de la campiña inglesa parecía fundirse con el cielo. La cabaña era un sueño de piedra y madera, escondida entre árboles centenarios. Al entrar, Kate dejó escapar un suspiro: Marcos no había llenado el lugar con lujos pretenciosos, sino con detalles que hablaban directamente a su corazón. Había jarrones de cristal repletos de flores silvestres, mezcladas con delicadas rosas blancas que perfumaban el ambiente. Era el equilibrio perfecto entre la sencillez de Kate y
Leer más