69. No te has librado de mi
DanteEl ambiente se vuelve irrespirable. Mis hombres, apostados en los pasillos, huelen mi mal humor como tiburones oliendo sangre en el agua. Se mueven con una eficiencia silenciosa que roza el miedo absoluto. Ayudo a Isabel a subir al Range Rover, y aunque trato de ser cuidadoso, mis movimientos son bruscos, marcados por la posesividad que me atenaza las entrañas.Durante el trayecto a la ciudad, el interior del vehículo blindado es un sepulcro. Matteo conduce en silencio, con la vista fija en la carretera, mientras yo voy en el asiento del copiloto, vigilando cada espejo, cada sombra en las esquinas. En el asiento de atrás, Isabel abraza a Samuel, quien parece fascinado con el paisaje urbano que desfila tras los cristales reforzados.Miro a Isabel por el retrovisor. Se ha pegado a la puerta opuesta a la mía, tratando de crear una distancia que no existe. El vestido de flores que lleva puesto me irrita; es demasiado alegre, demasiado puro para el mundo al que la estoy llevando.—O
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