63. La enviaré lejos
Dante
Salgo de su habitación con la sangre hirviéndome en las venas. El aire del pasillo se siente gélido contra mi pecho desnudo, pero no es suficiente para apagar el incendio que Isabel ha provocado con su rechazo. Mis pasos resuenan en el mármol como disparos, pesados y cargados de una furia que no sentía hace años.
"Sufre como haces sufrir a los demás".
Sus palabras se repiten en mi cabeza, una y otra vez, como un mantra maldito. Me detengo frente a la puerta de mi despacho y golpeo la pare