64. Perfecta
Dante
Sus ojos están fijos en los míos, cargados de una intensidad que me obliga a respirar de nuevo. Cada nota que saca del instrumento parece estar dirigida a mis heridas, cerrándolas una a una, expulsando el humo de los cañones de mi mente.
Me quedo inmóvil, incapaz de mover un solo músculo. Siento cómo mi respiración, que hace un momento era un jadeo desesperado, empieza a ralentizarse, sincronizándose con el ritmo de su música. No sé cuánto tiempo pasa. Podrían ser minutos o siglos. Solo s