61. He venido a cobrar
Isabel
El silencio de la noche en la mansión Volkov no es un silencio de paz; es un silencio cargado, como el aire antes de una tormenta eléctrica. Estoy tumbada en la cama, mirando las sombras que las ramas de los árboles proyectan sobre el techo de mi habitación. Samuel se ha quedado dormido finalmente en la habitación contigua, después de que Cecilia y yo pasáramos horas convenciéndolo de que su abuela estaba descansando y de que él estaba a salvo.
A salvo. Qué palabra tan irónica en esta ca