150. Me estás matando
Isabel En cuanto la camioneta se detiene en el patio de la mansión, me bajo antes de que Mateo pueda abrirme la puerta. Camino con paso apresurado, casi corriendo, cruzando el recibidor sin saludar a Cecilia ni mirar a nadie. Subo las escaleras de dos en dos, guiada por una urgencia que me quema los pies, y voy directo al estudio de Dante.No me detengo a tocar. Empujo la pesada puerta de madera de golpe, haciendo que rebote contra la pared con un sonido seco.Dante está sentado detrás de su escritorio, revisando unos mapas de los muelles junto a unas carpetas negras. En cuanto la puerta se abre de esa manera, levanta la mirada con los ojos inyectados en alerta, listo para sacar el arma que siempre lleva bajo la axila. Pero al ver que soy yo, y al notar mis ojos enrojecidos, las mejillas manchadas de lágrimas y la respiración agitada, se pone en pie de un salto, tirando la silla de cuero hacia atrás.Cruza el espacio de la oficina con zancadas felinas, desesperado, y me toma de los
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