153. Tiene que ser una broma….
IsabelUn chillido agudo de pura felicidad se me escapa de la garganta antes de que pueda procesarlo. Las palabras de Dante siguen resonando en las paredes de mi mente, cobrando un sentido tan hermoso que me cuesta creer que sean reales. ¡Estamos en la misma página! La Bestia, el hombre que hace solo unos meses me miraba con frialdad y desconfianza, acaba de proponer que legalicemos lo que nuestros corazones ya sabían desde hace tiempo.Sin pensarlo dos veces, me lanzo hacia adelante, enroscándole los brazos alrededor del cuello con una fuerza desesperada. Dante reacciona por puro instinto; sus manos grandes y firmes van directo a mi cintura, sosteniéndome en peso, afianzando mi cuerpo contra el suyo para que no me caiga de su regazo. Lo abrazo como si la vida se me fuera en ello, hundiendo mi rostro en el hueco de su cuello, aspirando su aroma tan masculino y familiar.—Gracias, gracias, gracias, Dante —le susurro una y otra vez contra la piel, sintiendo que las lágrimas que amenazan
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