143. No le va a gustar…
Dante
La pantalla de mi teléfono se ilumina por quinta vez en los últimos cuarenta minutos. Es otro mensaje de Mateo: «Saliendo de la tienda de juguetes.
El objetivo menor está asegurado con un set de bloques. Todo en orden en el perímetro. Volvemos al auto en cinco minutos, señor».
Suelto un suspiro rancio, arrojando el maldito aparato sobre el escritorio de caoba. Debería relajarme.
Debería estar cruzado de brazos, disfrutando del silencio de mi estudio, sabiendo que Isabel finalmente tiene