111. Por favor... sálvenla
DanteAlexei asiente con la cabeza, una inclinación firme que me da la tranquilidad de que el trabajo se hará de forma impecable. Las puertas de la ambulancia se cierran con un golpe seco y el vehículo arranca a toda velocidad, con las sirenas bramando.El interior de la ambulancia es un cubículo de luz blanca y ruido mecánico. El paramédico corta la blusa de Isabel con unas tijeras médicas, dejando al descubierto la gasa empapada en sangre. El monitor empieza a emitir un pitido rápido, agudo, intermitente.—Presión arterial cayendo. Ochenta sobre cincuenta y bajando —anuncia el segundo paramédico, que intenta canalizar una vía central en el brazo de Isabel—. Está entrando en shock hipovolémico. Necesitamos expandir volumen ya. Pásame el ringer lactato y prepara el protocolo de transfusión masiva para cuando lleguemos.—Isabel, mírame —le digo, agarrándole la mano izquierda. Está fría. Demasiado fría—. Quédate conmigo, nena. No te vayas. Mantente despierta. Tienes que ser fuerte, ¿me
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