# CAPÍTULO 25: CICATRICES Y SEDA (POV ALEXANDER)El vapor llenaba mis pulmones, asfixiándome con su aroma, mientras la veía moverse bajo el agua. Mi cuerpo estaba en guerra; mi mente dictaba odio, pero mi sangre exigía posesión. Estaba a punto de dar media vuelta y marcharme, de huir de esa debilidad, cuando el crujido de mi bota sobre la loseta húmeda rompió el hechizo.Isabella se tensó. Cerró la llave del agua con un movimiento brusco y se giró, cubriéndose instintivamente con las manos, aunque el cristal esmerilado ya no ocultaba nada. Sus ojos se clavaron en los míos, y en lugar de miedo, vi una furia líquida que rivalizaba con la mía.—¿Es esto parte de la vigilancia, Alexander? —su voz salió cortante, vibrando en el espacio cerrado del baño—. ¿Ahora también supervisas mis baños? ¿O es que en Nueva York no tienes suficientes putas que mirar y tienes que venir a acosar a tu prisionera?Salí de las sombras, ignorando el rastro de agua que mis botas dejaban en el suelo. Me detuve a
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